La globalización no es un oasis de oportunidades, sino
un entorno exclusivo de selectividad estratégica.
Desde hace siglos los entornos globalizados han dotado a las
naciones de enormes ventajas intercambiarias, grandes beneficios económicos y
políticos, así como oportunidades sociales y culturales. Sin embargo, todos
estos atributos positivos que brinda la globalización son dispuestos solo para
algunas naciones y para algunas empresas.
El fundamentalismo mercantilista de las acciones
globalizadoras de la empresas y de los países, ha ido dejando a su paso una
oleada de perjucios económicos, culturales y ambientales sobre los menos
beneficiados. Por mencionar casos concretos, se puede citar la privatización
sobre la producción de arroz en Sri Lanka, a través de elevados impuestos sobre
el riego, posicionando a países como Vietman y China en un papel protagónico en
la producción de este cereal, debido ser consideradas como naciones con mano de
obra más barata, según lo informa Francois Houtart, en la obra de Estévez y
Taibo, Voces contra la globalización (2008).
La globalización crea un ideal de comodidad de vida que se
consigue a ravés de un consumo excesivo de productos satisfactores de
necesidades secundarias, y que se traduce en:
- Un incremento gradual de contaminación y daño ambiental,
apegado a un sistema de negocios sin respeto al desarrollo sostenible.
- Una pérdida progresiva de las tradiciones, costumbres y
raíces, hasta del idioma.
- Una riqueza desmesurada y concentrada solo en algunas
empresas y en algunas naciones, dejando de lado a los países pobres o en vías
de desarrollo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario